La búsqueda de petróleo en Madrid abre la puerta a otra pujante energía tras la perforación de varios pozos
- Shell perforó en 1980 el pozo El Pradillo, ubicado junto al kilómetro 22,2 de la A-1
- Este pozo alcanzó una profundidad de 3.534 metros en la búsqueda de petróleo
- No se halló crudo, pero los ingenieros hallaron gran potencial geotérmico
En el ocaso del Siglo XX, hace tan solo ‘cuatro días’, la Comunidad de Madrid, en su afán de progreso y desarrollo industrial, soñó con convertirse en una ciudad petrolera. La fiebre del oro negro, que estaba transformando economías en otras partes del mundo, llegó a la meseta castellana como una promesa de riqueza y autosuficiencia energética que prometía reducir (levemente) la dependencia de España de la fuente de energía más importante del mundo. Se tejieron historias de yacimientos ocultos, se consultaron a geólogos y se lanzaron expediciones en busca del crudo que, se creía, podía yacer en el subsuelo madrileño. El sueño no llegó a hacerse realidad, pero lo cierto es que los resultados han abierto la puerta de una nueva energía que aún tiene mucho que decir.
Aunque el sueño no se materializó, sí hubo motivos para soñar. Jorge Navarro, vicepresidente de la Asociación de Geólogos y Geofísicos Españoles del Petróleo (AGGEP), explica que «en el entorno de Madrid se investigó hace años la posible presencia de hidrocarburos. En los alrededores de la ciudad se adquirieron varias campañas sísmicas 2D y se perforaron varios pozos de exploración, pero todos resultaron negativos». El subsuelo madrileño, a pesar de sus misterios, no albergaba la riqueza esperada.
Uno de los intentos más ambiciosos tuvo lugar en 1980, cuando Shell perforó el pozo El Pradillo-1, ubicado junto al kilómetro 22,2 de la actual Autovía del Norte (A-1). La perforación alcanzó una profundidad de 3.534 metros, atravesando materiales cenozoicos y carbonatos del Cretácico Superior hasta llegar a un Paleozoico metamórfico. No se encontraron indicios de hidrocarburos. Pero en la exploración se descubrió otro potencial oculto: «Las mediciones de temperatura en el pozo mostraron valores de 88ºC a 1.700 metros y 156ºC a 3.400 metros, lo que impulsó nuevas investigaciones sobre el potencial geotérmico de la zona», asegura el experto en declaraciones a elEconomista.es.
Del fracaso del petróleo a la oportunidad
La búsqueda del oro negro mutó en un nuevo propósito: el calor del subsuelo podía convertirse en una fuente de energía alternativa. En los años siguientes, se perforaron tres pozos de investigación geotérmica en Tres Cantos, San Sebastián de los Reyes y Geomadrid-1. «Estos confirmaron el potencial geotérmico de un acuífero multicapa en el relleno detrítico de la Cuenca Cenozoica de Madrid, con temperaturas entre 70ºC y 90ºC a profundidades de 1.500 a 2.150 metros«, señala Navarro. El interés por esta energía limpia ha ido creciendo con el tiempo, transformando el fracaso petrolero en una oportunidad para explorar nuevas formas de aprovechamiento del subsuelo.
La energía geotérmica de un acuífero se basa en el aprovechamiento del calor almacenado en el agua subterránea para generar electricidad o para su uso directo en calefacción y procesos industriales. Este tipo de energía se considera renovable y sostenible, siempre que la extracción del calor no supere la capacidad de recarga del sistema geotérmico. Los acuíferos geotérmicos pueden clasificarse en función de su temperatura en baja entalpía (menos de 90 °C), media entalpía (90-150 °C) y alta entalpía (más de 150 °C), siendo estos últimos los más adecuados para la producción de electricidad. En el caso de Madrid aún no se ha comenzado a explotar esta energía de forma masiva, pero los hallazgos señalados abren la puerta a que se comience a explotar en un futuro cercano. Del petróleo a la geotermia.
El funcionamiento de un sistema geotérmico basado en un acuífero requiere la perforación de pozos de extracción y reinyección, como los que se realizaron con la búsqueda de petróleo. En los acuíferos de alta entalpía, el agua caliente o el vapor emergen a alta presión y temperatura, impulsando una turbina conectada a un generador eléctrico. En cambio, los acuíferos de baja y media entalpía suelen requerir el uso de bombas de calor geotérmicas, que extraen la energía térmica para climatización y procesos industriales. En cualquier caso, el agua enfriada se reinyecta al acuífero para mantener su equilibrio térmico e hidráulico.
El potencial geotérmico
El potencial geotérmico de un acuífero depende de varios factores, como la profundidad, la recarga natural del agua, la conductividad térmica del subsuelo y la estabilidad geológica del sistema. Las regiones con actividad volcánica suelen contar con los mejores recursos de alta entalpía, mientras que los acuíferos sedimentarios profundos pueden ser explotados para usos de media y baja temperatura en zonas más estables geológicamente. España, por ejemplo, posee importantes recursos de media y baja entalpía, especialmente en el noreste peninsular y en el entorno del sistema ibérico, todo hace indicar que la Comunidad de Madrid no es una excepción.
Esta información de subsuelo proviene de la exploración petrolera, obtenida a lo largo de décadas y ha supuesto un elevado coste, aunque no hay estimaciones de costes, se cree que podría alcanzar varios miles de millones de euros. De este modo, Madrid vuelve a mirar hacia el interior de la tierra, pero ya no en busca de petróleo, sino de energía geotérmica.
Repsol es la actual titular de un permiso de exploración geotérmica en la zona, y gracias a la digitalización y reinterpretación de los datos sísmicos de campañas realizadas entre 1960 y 1980, podrá evaluar si el subsuelo madrileño es viable para la explotación de esta energía renovable. «Antes de julio de 2026, deberá determinar si el subsuelo madrileño es viable para explotar esta fuente de energía renovable y decidir si continúa con la siguiente fase de exploración», apunta Navarro.
Esta historia es un claro ejemplo de cómo el conocimiento geológico, lejos de ser estático, evoluciona con el tiempo y las necesidades de la sociedad. Madrid, que una vez soñó con convertirse en una región productora de petróleo, podría encontrar su riqueza oculta en un recurso más limpio y sostenible. «Estos trabajos destacan la importancia de las bases de datos de subsuelo para cualquier proyecto de investigación de recursos energéticos o almacenamiento geológico», enfatiza Navarro. Sin esta información, obtenida a lo largo de décadas de exploración, el desarrollo de infraestructuras y la prevención de riesgos geológicos serían mucho más inciertos.
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