Trump amenaza su gran ambición: su propio ‘muro’ puede parar el gran ‘tsunami’ de petróleo

Trump amenaza su gran ambición: su propio ‘muro’ puede parar el gran ‘tsunami’ de petróleo

  • BNP Paribas: «Trump tiene que ser paciente y tomar pocas medidas»
  • Las empresas como Exxon han reconocido que no buscan crecer a costa de rentabilidad
  • Los aranceles limitan las perspectivas de la industria y su capacidad

Donald Trump está obsesionado con lograr una rebaja de la factura energética en EEUU. Los hogares americanos son grandes consumidores de energía (grandes coches, grandes casas…) y el precio de la gasolina influye en la popularidad de los presidentes del país. Por ello, el nuevo presidente de EEUU busca vías para rebajar el precio del crudo aunque por ahora sus movimientos han sido como mínimo contradictorios (aranceles al petróleo canadiense, amenazas a Irán…). Por ello, algunos analistas creen que si Trump quiere un petróleo barato es mejor que no haga nada, que deje que las fuerzas del mercado actúen por sí mismas y el crudo caerá por su propio peso. La OPEP está deshaciendo sus recortes, la producción de crudo en América (EEUU, Canadá, Guyana, Argentina…) está en máximos históricos y la demanda global muestra un crecimiento tibio. Si Trump quiere un petróleo barato, solo tiene que adoptar una postura observadora y esperar. De hecho, creen que los movimientos actuales pueden limitar esta tendencia y ser contraproducentes.

El barril de petróleo Brent cotiza levemente por encima de los 75 dólares, mientras que el West Texas lo hace en la zona de los 73 dólares por barril, unos precios que son relativamente cómodos para consumidores y productores. No obstante, cabe recordar que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca con sus promesas de sancionar con mayor intensidad al crudo ruso, al petróleo de Irán y poner aranceles a Canadá (incluido el petróleo aunque sea con gravamen menor), elevó el precio del barril por encima de los 80 dólares de forma momentánea. Por ello, como se señalaba anteriormente, resulta casi más útil que Trump deje hacer al mercado.

Los analistas de JP Morgan explicaban esta semana que los aranceles al petróleo canadiense no van a afectar en principio al suministro, pero supondrá unos precios del Western Canadian Select (WSC) más altos para compensar el arancel del 10%. Con alternativas de exportación inmediatas limitadas, los productores canadienses pueden soportar el 80% de la carga, mientras que las refinerías estadounidenses absorben el 20% a través de márgenes de beneficio más reducidos, lo que podría aumentar los costes de insumos del crudo en un 2% y aumentar los precios de la gasolina estadounidense.

La administración estadounidense ha fijado como meta aumentar la producción de petróleo en tres millones de barriles diarios, llevando el promedio de extracción muy por encima de los 13 millones de barriles diarios en 2024. Sin embargo, como advierte un análisis de BNP Paribas, hay un problema estructural: las empresas petroleras estadounidenses son privadas, tienen accionistas a los que rendir cuentas y no operan con la misma lógica que los productores de la OPEP. «Existe una contradicción evidente entre alentar a las compañías privadas a invertir y, al mismo tiempo, poner en riesgo su rentabilidad», apunta Pascal Devaux.

Para incentivar la producción, Trump puede utilizar herramientas regulatorias como la reducción de impuestos a los productores o la ampliación del acceso a tierras federales para perforación. Sin embargo, estas medidas tienen un impacto limitado y, en el mejor de los casos, tardan tiempo en reflejarse en la oferta. Otras estrategias más inmediatas, como liberar crudo de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR), tampoco parecen viables en este momento. «Las reservas estratégicas están en su nivel más bajo en cuarenta años tras las ventas realizadas en 2022 para contener el impacto de la guerra en Ucrania», recuerda el informe.

La misma industria duda

Esta idea de que el ‘drill baby drill’ no es tan fácil como parece la han deslizado desde la propia industria petrolera. El ejemplo claro es lo que dijo a finales de 2024 Liam Mallon, jefe de la división de Upstream de Exxon Mobil comentaba en un el Energy Intelligence Forum que «nadie se va a poner en modo ‘drill baby drill’. Es poco probable que haya un cambio radical porque la mayoría, si no todos, están concentrados en sus propias economías por lo que tienen incentivos a mantener una disciplina que limitará esa tasa de crecimiento (de la que habla Trump)».

«Las empresas ya no buscan el crecimiento a cualquier precio», dijo Kaes Van’t Hof , presidente de la productora de petróleo del oeste de Texas Diamondback Energy en declaraciones a Wall Street Journal . «El esquisto está en una fase muy diferente de su ciclo de vida». Ahora producir a través del fracking es más caro y los precios más altos del barril más bajo (rondan los 75 dólares, hacen que para estas empresas sea un dolor de cabeza meterse en proyectos que requieren gran cantidad de financiación.

Tras las primeras medidas para tratar la ‘emergencia energética’ que propuso Trump en 2025, Ed Crooks , vicepresidente para las Américas de la consultora energética Wood Mackenzie, defendió en un informe que «no vemos nada que haga una diferencia colosal en la economía de la producción». Es decir, que no hay ningún argumento a priori para que a las empresas les sea más rentable producir e incrementen su actividad. De hecho, la consultora energética defiende que este es un proceso (mejorar la rentabilidad del sector) que puede durar años y «palidecería en comparación con la gran rentabilidad de los años dorados del fracking».

«Hemos sobrevalorado la resiliencia de una industria como la del petróleo. El número de plataformas ha caído un 11%»

Desde Rystad Energy comentan que la menor rentabilidad está dañando de forma crítica la demanda y que será complicado darle la vuelta a la situación. La consultora explica que «las tarifas diarias de plataformas terrestres terminarían el año en su nivel más bajo desde el segundo trimestre de 2022″. Esto siempre y cuando se cumplan las previsiones de un petróleo a 70-75 dólares de media en este 2025, tal y como prevén los ejecutivos petroleros preguntados en la última encuesta de la Reserva Federal de Dallas.

Según la consultora las industrias del crudo requerirían unos 50 dólares del barril para alcanzar un mínimo de rentabilidad dado que los pozos más accesibles de crudo ya se están secando y para bombear ahora hay que utilizar otros que requieren mayores costes y tecnología más avanzada. Todo esto con unas empresas altamente endeudadas, una situación que ha provocado que baje el número de plataformas petroleras. Según Rystad, «en 2023 pensábamos que (el número de plataformas) de 2024 probablemente bajaría entre un 1 y un 2 %, pero en realidad bajó entre un 10 y un 11 %, por lo que sobrevaloramos la resiliencia que podrían tener algunas de estas empresas».

Esto se ha podido compensar gracias a una gran productividad de las mismas. Pero la realidad es que es difícil pensar que Trump pueda cambiar esta tendencia y hacer que se levanten nuevos pozos. Si bien Trump puede acelerar procesos, agilizando la obtención de permisos, una medida que la misma industria ha pedido reiteradamente, esto se compensa con los problemas que traen los mismos aranceles. Un ejemplo claro son los gravámenes al acero, que es fundamental para el desarrollo de la infraestructura. Así lo creen los expertos de Standard Chartered, que explican que la producción petrolera de EEUU ya está lo suficientemente desarrollada como para vivir otro boom de producción que justifique los precios más bajos. Sus estimaciones ya con Trump en la Casa Blanca apuntan a un aumento de solo 300.000 barriles diarios en 2025. Esto contrasta, por ejemplo, con los 1,605 millones de barriles diarios nuevos que llegaron en 2023 y los 630.000 de 2024.

El problema con la OPEP

El mandatario republicano también ha amenazado con presionar a la OPEP para que libere más petróleo en el mercado, especialmente a Arabia Saudí, el país con la mayor capacidad de producción disponible (unos dos millones de barriles de petróleo). Sin embargo, esta opción también parece poco probable. «Desde el punto de vista económico, Arabia Saudí no tiene incentivos para reducir los precios«, explica Devaux. Con un presupuesto que solo se equilibra por encima de los 90 dólares por barril, el reino necesita mantener elevados los ingresos del crudo para financiar su ambicioso plan de diversificación económica.

Desde una perspectiva global, el mercado ya está preparado para que los precios del petróleo bajen sin necesidad de intervención política. BNP Paribas prevé que el crecimiento de la demanda sea moderado debido a la ralentización económica de China, mientras que los países productores ajenos a la OPEP+ seguirán incrementando su oferta. «El exceso de suministro en el mercado debería rondar los 500.000 barriles diarios en 2025«, señala el informe, lo que provocaría una caída del precio del barril Brent desde los 77 dólares actuales hasta unos 70 dólares al final del año.

El tiro por la culata

Curiosamente, las políticas de Trump podrían acabar teniendo el efecto contrario al que busca. La inclusión de hidrocarburos en los aranceles a Canadá y México –que juntos exportan 4,5 millones de barriles diarios a las refinerías estadounidenses– podría disparar los precios de la gasolina en EE.UU. Del mismo modo, nuevas sanciones sobre Irán y Venezuela ejercerían presión al alza en los mercados internacionales. «Si realmente quiere bajar los precios del petróleo, Trump debería evitar imponer más barreras comerciales y mantener el flujo de crudo en el mercado», concluye Devaux.

El informe de BNP Paribas también advierte de las contradicciones en el discurso energético de la administración Trump. Por un lado, busca reducir los precios para los consumidores estadounidenses, pero por otro, sus medidas proteccionistas y sancionadoras generan presiones inflacionarias. «Es fundamental vigilar el momento en que se implementan estas políticas«, advierte Devaux. Una acción apresurada podría generar tensiones en el mercado y provocar justamente el escenario que la Casa Blanca quiere evitar.

En última instancia, la mejor estrategia para Trump podría ser simplemente permitir que las fuerzas del mercado hagan su trabajo. Con una demanda débil y una oferta creciente fuera de la OPEP, los precios del crudo están destinados a descender de manera natural. «Una mejor coordinación entre los objetivos de política interna y exterior de EE.UU. evitaría muchas fuentes de volatilidad en 2025», concluye el informe.

Trump tiene la tentación de intervenir y forzar cambios en la dinámica del mercado, pero el camino más efectivo para conseguir su objetivo es la paciencia. Si deja que la economía global siga su curso, el petróleo bajará por sí solo.

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